NADIE SE SALVA SOLO

NADIE SE SALVA SOLO

La inseguridad es uno de los problemas más complejos al que debe hacer frente un Gobierno, ya sea municipal, provincial o nacional. Cualquier persona desea vivir en un lugar en donde la vida y la integridad física –suya y de quienes lo rodean-, no estén en riesgo. Incluso, de tener cierta garantía respecto de sus bienes personales. El tema amerita, y nos debemos como sociedad y como Estado, una discusión más profunda.
En Pilar sufrimos robos, violaciones y asesinatos que afectan profundamente a toda la comunidad.
En estos días, el Intendente Nicolás Ducoté expresó que no hay que dejarse llevar “por la sensación térmica” y argumentó que las estadísticas muestran una disminución del delito en el distrito. Una vez más, discutimos de cifras, de números, cuando lo que hay detrás son personas. A pesar de la dudosa veracidad de los datos, no importa si hubo 3, 5 o 10 delitos menos. La inseguridad es un flagelo que los pilarenses seguimos sufriendo y hay que tomar medidas.
Comparto que un mayor plan de inversión, que incluya cámaras, patrulleros y efectivos es fundamental para evitar cada hecho de inseguridad que sea posible. Pero sigo sosteniendo la necesidad de que el Intendente sea el máximo responsable de la Policía Local, para que esté al servicio de los pilarenses y evitar hechos insostenibles como el traslado de los 90 efectivos durante el verano.
Más allá de todas estas medidas, muchas veces sentimos que estamos tratando de tapar un chorro de agua con la mano. Y todos sabemos que a la larga, eso no es sostenible. Para abordar la inseguridad, es necesario tener una mirada más amplia y más humana.
Creo firmemente que la inclusión es un pilar fundamental en la lucha contra la inseguridad. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de inclusión?
Hablamos de una sociedad en la que haya oportunidades de empleo, para lo cual es necesario cuidar a nuestros emprendedores y comerciantes que dan trabajo a tantas personas.
Hablamos de una sociedad en la que el trabajador pueda cubrir sus necesidades y las de su familia, con un sueldo que sea acorde a los precios de los alimentos y las tarifas, como el agua, la luz y el gas.
Hablamos de una sociedad en la que las entidades intermedias –los clubes de barrio, los espacios de apoyo escolar, las sociedades de fomento- tengan la posibilidad de mantener sus puertas abiertas a la comunidad y seguir creciendo. Porque son espacios de contención fundamentales para niños y adolescentes.
Hablamos de una sociedad en donde la cultura no es un mero entretenimiento sino una política de Estado, que hace al desarrollo de las personas.
Y para que esta sociedad exista, se necesita de un Estado, que tome la decisión de estar allí, al lado de quienes más lo necesitan, garantizando su inclusión y generando posibilidades. Porque como dijo el Papa Francisco “Nadie se salva solo”.

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